Nadie se da de baja el día que lo deja

La baja se decide semanas antes, en los entrenos que se saltan sin que nadie mire. Qué medir para verlo a tiempo, en qué ventana y qué no te cuenta el número.

El mensaje llega un martes por la tarde y siempre está bien escrito: «oye, este mes lo voy a dejar, a ver si más adelante retomo». Y casi siempre te pilla de sorpresa.

Lo que no es una sorpresa es lo que había detrás. Si echas la vista atrás, llevaba cinco semanas entrenando dos días de los cuatro. La baja no fue el martes: el martes fue el día que te enteraste.

Adherencia, sin misticismo

Entrenos registrados dividido entre entrenos planificados, en un periodo. Un porcentaje. Ya está.

Suena tan simple que parece que no hace falta explicarlo, y por eso se hace mal. Antes de que ese número signifique algo hay que tomar tres decisiones, y son justo las tres que se saltan.

1. Qué cuenta como hecho

Un entreno a medias, ¿cuenta? Si cuenta entero, quien hace tres series y se va sale igual que quien completa la sesión. Si no cuenta nada, castigas al que apareció con cuarenta de fiebre y aguantó media hora, que es precisamente el que no querías castigar.

No hay una respuesta correcta, pero sí una regla: elige una y no la cambies. Un porcentaje solo sirve si se puede comparar con el del mes pasado.

La opción que menos se equivoca es contar la sesión como hecha en cuanto está registrada, y mirar el volumen aparte. «¿Ha entrenado?» y «¿cuánto ha movido?» son dos preguntas distintas, y mezclarlas en un solo número te deja sin ninguna de las dos.

2. En qué ventana

Aquí está el error más común, y es de bulto: incluir la semana en curso.

Si miras el lunes por la mañana y la semana en curso entra en la cuenta, todo el mundo está al 0 %. El martes, al 25 %. Ese número no te dice quién ha aflojado: te dice qué día es hoy. Y como cada lunes salta la alarma con todos, dejas de mirarla.

Mide sobre semanas cerradas. Cuatro suele ser buena ventana: bastante para que una semana rara —una gripe, un viaje— no dispare nada, y corta para que una caída de verdad se note antes de que sea tarde. Una semana sola es ruido. Doce ya es arqueología.

3. Contra qué comparas

Contra él mismo. No contra el resto de tu cartera.

Quien entrena tres días de cuatro desde hace seis meses no tiene un problema de adherencia: tiene esa adherencia, y con ella progresa. Si lo pones al lado del que cumple cuatro de cuatro, te salta un aviso donde no ha pasado nada.

Lo que importa es la caída. El que estaba al 90 % y lleva tres semanas al 50 % es el aviso de verdad, aunque ese 50 % siga siendo más alto que el de otros dos.

Por qué preguntar no sirve para medir

«¿Qué tal la semana?» «Bien.»

Y no te está mintiendo: «bien» es lo que se contesta. Además le estás haciendo la pregunta justo a la persona que ya está incómoda con el tema, y por mensaje, donde es más fácil suavizar.

Preguntar sirve para hablar. No sirve para medir. Son dos usos distintos de la misma conversación y solo uno de los dos funciona.

Qué hacer con el número, y qué no

Es un disparador de conversación, no una nota. No se lo enseñes como un marcador: un porcentaje bajo delante de alguien que ya se siente mal por no ir es la forma más rápida de que deje de contestarte.

La conversación útil no empieza por el dato, empieza por la causa. Y la causa casi nunca es el plan: es el turno que le han cambiado, el hijo que se ha puesto malo, la molestia pequeña que no te contó por no dar la lata.

A veces la respuesta correcta es bajar de cuatro días a tres. Un plan de cuatro que se cumple a medias rinde menos que uno de tres que se cumple entero, y encima desgasta.

Lo que el número no te dice

Lo único que cambia es cuándo te enteras

En la semana dos todavía hay margen para una conversación, para mover un día o para quitar el que nunca cumple. En la sexta ya no estás reteniendo a nadie: estás recibiendo un mensaje bien escrito un martes por la tarde.

Y si esto lo llevas hoy en una hoja de cálculo, la pregunta «¿quién ha aflojado?» cuesta abrir quince pestañas y compararlas a ojo. Eso también tiene artículo propio: la hoja de cálculo aguanta hasta que te va bien.

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